O Penedo…, ¡ese lugar de ensueño!



       -“Por aquí, Padre, a la derecha”-, me insinuó amablemente mi acompañante. Habíamos llegado muy cerca de Ponte Taboada, tendido sobre el río Umia, en la carretera que va de Cuntis a Moraña, y era necesario torcer hacia la derecha por un sendero pedregoso para venir a dar en el Penedo, lugar donde nació nuestra Venerable”. Con este estilo tan ameno y cercano nos describe el inolvidable biógrafo de Madre María Antonia –Padre Evaristo de la Virgen del Carmen, autor de La Monjita del Penedo”- su primera excursión por los lugares donde nació nuestra heroína. 



     Venido de tierras castellanas, nadie como él supo apreciar el ensueño y el encanto de estos parajes fragosos y apacibles, tétricos y atrayentes, pintorescos y misteriosos, llenos de belleza y de un poderoso atractivo que impulsa a visitarlos una y otra vez. ¿Quién, de los que conocen el lugar, no puede dejar de reconocer que un sugestivo misterio, embargado de mística presencia y de impenetrable majestuosidad invade el corazón mientras se contempla el Peñasco que preside el paso de las aguas,






a su izquierda arremolinadas y preñadas de blanca espuma,









 a su derecha bruscamente detenidas en un remanso inaudito de quietud sin horizontes, inmenso en su contemplación silenciosa?...




      ¡Este es O Penedo!, el lugar que en el lejano año de 1690 el capitán Domingo do Campo, abuelo de nuestra Madre María Antonia, escogió para asentar su hacienda familiar y formar un hogar a la vera de todo este increíble escenario de embrujo y de sosiego… Su esposa, doña Ana de Andrade, dama de honor de la reina de Flandes, encontró en este aislado rincón de Galicia todo lo que había soñado poseer cuando, en aquel lejano país, añoraba sus raíces gallegas familiares y deseaba conocer y habitar en la patria de sus ancestros.



       Hoy, día 6 de Octubre del año de Gracia de 2019, celebramos un nuevo aniversario del nacimiento y bautismo de nuestra Madre María Antonia, y no podemos por menos de volver nuestras miradas hacia este su lugar natal, para tratar de robarle a sus ojos de niña los sentimientos que despertaban en su alma infantil la vista de tantas bellezas de la Creación.

     Si es verdad que, como nos dicen todos los testigos de Cuntis del Primer Proceso de Canonización (incoado en 1761, un año después de su muerte) “la tenían sus padres sujeta a la almohadilla”, haciendo encajes primorosos que le enseñó su abuela “la Flamenca”, habilidad que su madre heredó y transmitió a la niña, no es menos cierto que esta niña frecuentaba los terrenos de cultivo con que su padre había repoblado los márgenes del fecundo río, gozando de una huerta amplia, sobrada de frutales, que se alimentaban del riego natural de las abundosas aguas. Una niña que era de temperamento introvertido, muy amiga de soledad, tal y como se describe una y otra vez a sí misma cuando en su Autobiografía nos habla de toda su infancia y primera juventud. 















Esta niña María Antonia, ¡cuántas veces estaría ante la naturaleza que se abría a sus ojos, desde su propia vivienda, abstraída por la belleza rutilante que le ofrecía su Dios, Creador de tales maravillas! ¿Qué necesidad tenía ella de pasear por otros andurriales? ¿No le bastaba pasearse por entre os muíños, os batanes, el senderillo de O Pego, la caminata dominical con su madre hacia la parroquia de Santa Cruz de Lamas? ¡Qué locura de belleza! ¡Qué fácil abismarse en la más pura y sublime contemplación! A esta niña se le regalaba a manos llenas el contenido más profundo de una sabiduría espiritual brotada sin esfuerzo de la Mano del Creador. Así, de esta manera infinitamente sencilla, pasaba desapercibida la obra de la gracia que se estaba forjando para un futuro de incalculable proyección eclesial y mística… ¡Una mujer que iba a ser el referente de una humanidad nueva!



         Nos parece que reconocer todo lo aquí expuesto es brindar a nuestra querida e idolatrada Madre María Antonia el mejor homenaje de amor y de felicitación por su cumpleaños. Y nada mejor que acompañar esta felicitación con una muestra ilustrativa de estas bellezas que hemos cantado, fotografías que extraemos de los Videos que don Carlos Touriño –el más especializado y amante conocedor de la zona- nos ha proporcionado en diferentes ocasiones, en muchos de sus acostumbrados paseos diarios. Les invitamos que vean el titulado: “A Monxiña no Penedo”, que podrán encontrar de nuevo en el enlace que a continuación les proporcionamos. (También puede verse en el Blog en la parte derecha, visitando las entradas del año 2016. En la primera, que aparece con el título: ‘Un regalo inesperado de Navidad’, hallarán el mismo enlace). ¡No se pierdan la oportunidad de internarse “en el ensueño” que domina toda la apasionante reproducción!

https://drive.google.com/file/d/0B_20mO4PexJSWkdTb2JUVHRUNHM/view?usp=sharing





¡Madre María Antonia, tus virtudes y tu belleza interior son el reflejo de la belleza de tu tierra natal, tú iluminas nuestras almas desde de tu Penedo! 



SILENCIO...





¡Oh divino Amor! ¿Quién podrá decir
lo que pasa en aquel divino silencio
en que Tú, Señor, 
pones al alma para que te entienda sin ruido? 
(Autobiografía, f. 176v).






¡Qué buena compañera de camino, en la enfermedad, María Antonia!

   Gozando todavía del buen tiempo que nos está regalando la naturaleza, finalizados ya los meses de vacación estival, nos parece que va en armonía con todo ello el testimonio que un joven de origen extranjero ha querido compartir con nosotras, las hijas de la Madre María Antonia de Jesús, permitiéndonos su publicación, aunque, eso sí,  manteniendo la reserva de su "autoría", para poder expresarse con más libertad de sentimientos. La familia de este joven está muy vinculada a nuestra comunidad. Hay que decir que son unos “enamorados del Camino”, el Camino de Santiago, y raro es el verano en que no aprovechan alguna semana pare realizar diferentes etapas de las variadas rutas. Prefieren hacerlo “en solitario”; naturalmente, tras el abrazo al Señor Santiago, no puede faltar su visita a nuestro convento... Este año, sus dos hermanos, de 29 y 27 años respectivamente, han hecho un valiente esfuerzo atravesando todo el camino francés. Es por ello que nos parece oportuno ilustrar el relato con fotografías alusivas al “Camino”, pues para ellos supone tanto hacerlo cada año, como un tiempo de comunión táctil y profunda entre su alma, su cuerpo -pletórico de salud-… ¡y Dios! 


    Testimony:

     "My name is D. G. Just over a year ago I was diagnosed with ulcerative colitis, an inflammatory disease of the large intestine. The symptoms started in June 2017 and became more aggressive as time went on. I was a very active guy and exercised twice a week, either by running or playing football, but by December 2017, I had lost a lot of weight and I had become very weak and anaemic. My mobility became virtually non-existent, as I became bed bound and couldn’t walk far before starting to feel dizzy.

   Lots of medication was prescribed to me, including steroids and immunosuppressants, but my body did not respond to these. It had reached early February and, despite all the prayers being said and Masses being offered up for my healing, nothing seemed to improve. During this time, my family asked for intercession from the Carmelite Sisters of Santiago, and they urged us to call upon the intercession of Mother Maria Antonia, the foundress of their convent. As the medication continued to make no difference, by mid-February I had to receive surgery, which involved a subtotal colectomy and the creation of an ileostomy.

     Although it was serious, I felt comforted by the prayers received and my faith in Jesus was strong. My mother would daily call upon Mother Maria Antonia’s intercession for my healing. Although this first operation removed most of the symptoms of ulcerative colitis, I still continued to have abdominal pain for many weeks after. These problems were supposedly brought about by side effects from the medication I was given before the first operation. 

      Eventually, by late April, I had to have a second operation which removed the discomfort and pain in my abdomen. This was a challenging time for my family and I, as our faith was tested further and I found it difficult to keep trusting in God and His will for my life. It felt like another mountain to climb having already recovered from the first operation.

      Thankfully, since the second operation, my body has fully healed in about six months. Although it was a healing that took plenty of time and patience, it was a miracle none-the-less, as I journeyed from a state of sheer immobility, anaemia and being incredibly skinny, to becoming mobile and active again, alongside eating well and putting weight back on to a healthy/normal level. Looking back on the year, I feel that the prayers of the Carmelite Sisters of Santiago, and particularly the prayers of Mother Maria Antonia, were very powerful and I continue to experience the graces and fruits of those prayers even now, half a year later. I am very grateful to the sisters and to Mother Maria Antonia for their prayers and I thank God that I have been given a second chance at living life to its fullest.
         Praise God, now and forever. Amen".

        Para facilitar la comprensión de este precioso testimonio, que hemos preferido presentar en la propia lengua materna en la que ha sido escrito, lo repetimos en su traducción castellana:


Testimonio:


     "Mi nombre es D. G. Hace poco más de un año se me diagnosticó colitis ulcerosa, una enfermedad inflamatoria del intestino grueso. Los síntomas comenzaron en Junio de 2017 y fueron empeorando al pasar el tiempo. Yo era un tipo muy activo, y hacía deporte dos veces a la semana, o bien corriendo o bien jugando al futbol, pero para Diciembre de ese año había perdido mucho peso y me encontraba muy débil con anemia. Mi movilidad se hizo virtualmente nula, me quedé encamado, y no podía andar mucho sin comenzar a marearme.

  Se me prescribió mucha medicación, incluyendo esteroides e inmunodepresores, pero mi cuerpo no respondía. Llegué así hasta Febrero, y, a pesar de todas las oraciones y Misas que se ofrecían por mi curación, nada parecía mejorar. Durante este tiempo, mi familia pidió la intercesión de las Carmelitas de Santiago, y ellas nos animaron a pedir la intercesión de la Madre María Antonia, la fundadora de su convento. Puesto que la medicación continuaba sin hacer nada, hacia mediados de Febrero tuve que ser operado, con una parcial resección del colon y la creación de una ileostomía.

       Aunque la situación era grave, me sentía confortado por las oraciones que se hacían por mí, y mi fe en Jesús era fuerte. Mi madre invocaba diariamente la intercesión de la Madre María Antonia para obtener mi curación. Aunque esta primera operación hizo cesar la mayor parte de los síntomas de la colitis ulcerosa, yo seguí con dolores abdominales durante muchas semanas todavía. Estos problemas parecían ser consecuencias de la medicación que se me dio antes de la primera operación. Eventualmente, a finales de Abril, tuve que ser operado de nuevo y esta segunda operación remedió las molestias y dolor del abdomen. 

        Fue un tiempo duro, tanto para mí como para mi familia, en que nuestra fe fue aún más probada; se me hacía difícil mantener la confianza en Dios y en su voluntad en mi vida. Era como una nueva montaña que subir, después de haberme recobrado de la primera operación. 

   Gracias a Dios, desde la segunda operación, mi cuerpo recobró completamente la salud en unos seis meses. Aunque esta sanación requirió mucho tiempo y paciencia, sin embargo fue un verdadero milagro, el haber pasado de un estado de pura inmovilidad, anemia y estar en los huesos, hasta volver a estar hábil y activo de nuevo, poder volver a comer bien y recobrar peso hasta un nivel normal, sano. Mirando hacia atrás, todo este año, siento que las oraciones de las Carmelitas de Santiago, y en particular las oraciones de la Madre María Antonia han sido muy poderosas. Continúo experimentando las gracias y los frutos de esas oraciones hasta ahora, medio año después. Estoy muy agradecido a las Hermanas, y a la Madre María Antonia por sus oraciones, y doy gracias a Dios de que me haya dado una segunda oportunidad de vivir la vida en plenitud.
          Alabado sea Dios, ahora y por siempre. Amén".



     ¡Gracias, querido amigo, por tu testimonio, y la fragancia espiritual con que manifiestas tus más profundas vivencias de aquellos difíciles momentos!
 La Madre María Antonia seguirá guardando tus pasos en tus futuros
 "Caminos de la vida" … 

        Ya te ha demostrado que significas mucho para ella:
 ¡no te fallará!



Fiesta del Carmen 2019: ¡Remontémonos hacia los orígenes!


    No queremos retrasar más nuestra ineludible cita con todos los seguidores de nuestro Blog en la grande y desbordante fiesta principal de nuestra Señora del Carmen. Aún a riesgo de resultar reiterativos, hemos de decir una vez más que la devoción de nuestra Venerable Madre María Antonia de Jesús hacia Ella, “su divina Reina”, “la gran Señora”, se convirtió en una auténtica locura o “chochera”, para decirlo con la mayor expresividad posible. María Antonia deseó, desde la primera inspiración que recibió de lo alto esbozando su futura misión de fundadora, poner por titular y única Dueña y Protectora del lugar a nuestra Madre y Señora del Carmen. Nótese que no dice sólo Señora, sino que –y en todas las cartas que escribía desde Santiago lo hacía constar así-, la llama también Madre, porque bajo este concepto tan suave e íntimo se relacionaba siempre María Antonia con la Madre de Jesús.

       Este año, aparte de destacar lo más entrañable y gozoso que se ha vivido en la celebración, romería y procesión de la fiesta en nuestra Iglesia y en nuestras calles, vamos a hacer un poco de historia, que sin duda resultará novedoso y de gran interés para muchos de nosotros.

    Nuestra intención es “remontarnos a los orígenes” de las primeras procesiones que se llevaron a cabo en la ciudad de Compostela. Obviamente, estas procesiones suponían la existencia de una cofradía –a falta de una iglesia parroquial- dedicada a la Virgen del Carmen, en nuestro caso. Y así es lo que sucede en nuestra historia:
   La existencia de las cofradías se constata en Galicia ya en los siglos anteriores, pero será en los siglos XVII y XVIII  cuando afloren con más fuerza. Veamos cómo se establece la  cofradía del Carmen en la ciudad del Apóstol: “En primero de Henero del año 1749 se entró por cofrade, y empezó a formar cofradía de Nuestra Señora del Carmen Juan Antonio Barreiro, fundador” (Libro primero de cofrades, f.1). 
 No existía una Iglesia dedicada a esta advocación, aunque las Carmelitas -con Madre María Antonia por fundadora- habían recién llegado el año anterior, pero se hallaban sin monasterio ni iglesia, en la casa provisional de tan incómoda distribución como sabemos. Este cofrade mencionado estableció su cofradía en la sede parroquial de San Fructuoso, en la parte baja de la ciudad, a la altura del puente del río Sarela, aunque en 1750 ya se plantearon levantar su propia capilla, denominada hoy como “el Carmen de Abajo”.

        La cofradía en sus inicios se denominó con el título de “Nuestra Señora de la Santísima Virgen de la Salud del Carmen”. Nacía el 1 de enero de 1749, cuando ya las carmelitas habían llegado a la ciudad en octubre del año anterior. Sin embargo, las primeras obras de la fábrica del convento no se iniciaron hasta el 16 de agosto de 1753. Durante estos años de estancia, a la espera de poder trasladarse al nuevo edificio –su construcción necesitó diez largos años de esfuerzos y dedicación heroica-, la devoción a la Virgen del Carmen se vio visiblemente acentuada en torno al Carmelo naciente, como nos relata la propia María Antonia, ya con motivo de su llegada:


       “Yo tenía particulares razones parra poner a esta divina Reina por titular de este primer solar en este reino de sus hijos. Y así fue altísima disposición del Señor, el que gusta de que su querida Madre sea la Señora y verdadera Patrona y Madre, que cuidará de esta su santa casa; porque no sólo favorecerá a sus hijas, sino a muchas personas que viniesen a darle adoración a esta su santa iglesita.  Porque ya he dicho que son aquí las gentes muy devotas de nuestra Madre y Señora del Carmen y así se les aumenta cada día la devoción con ver a la Señora en su altar: que nos hicieron una imagen suya de limosna, de talla, y luego la pusimos como he dicho, por titular; que con el tiempo, espero puedan hacer otra mayor para ponerla en la iglesia nueva, la que el Señor disponga se haga cuanto antes, para salir de esta casa, que nos llevan por ella, creo, que doscientos ducados cada año. (Autobiografía, ff. 268-268v).

        Pero concretizando más cual pudo ser la supuesta “primera procesión” que, como Carmelitas, realizaron en la ciudad con una imagen de la Virgen del Carmen, nos parece  que debió de ser la que tuvo lugar con motivo de la traslación de la comunidad, el 22 de octubre de 1758, de su casita en la plaza de San Roque al majestuoso edificio neoclásico que las aguardaba frente al convento de las Clarisas. Este día tan ardientemente deseado por las religiosas, lo refiere María Antonia en sus manuscritos autobiográficos con una “expresividad de fuego”, que se refleja igualmente en la carta al Padre José de Jesús-María, su director espiritual, carta que le dirige contándole la misma traslación al nuevo monasterio. 

    La imagen procesional que realizara en 1751 Benito de Lens a raíz de ingresar como cofrade en la mencionada cofradía del Carmen de Abajo, y que actualmente se guarda en la casa parroquial, suponemos que fue la que presidió la procesión que precedió a la bendición e inauguración del convento de las Descalzas. En efecto, en el Archivo parroquial de San Fructuoso se conserva un documento –una carta- de excepcional valor histórico, pues es la que las Carmelitas dirigieron a los miembros de la cofradía del Carmen de la ciudad pidiendo prestada su imagen. La transcribimos parcialmente:

     La Madre Priora y religiosas carmelitas Descalzas de esta ciudad representan a vms. que el domingo próximo 22 del corriente mes de octubre (de 1758) por la tarde hacen su traslación desde la reclusión en que se hayan al nuevo convento que está fabricado y respecto han de ir en procesión acompañadas de esta muy noble Ciudad, las comunidades y gremios y no tener Ymagen suficiente para llevar en ella. Suplican a vms. se sirvan hacer el favor de prestar la de la Congregación que asista a la dicha procesión” (Fondos de la cofradía, libro tercero, ff. 2v-3).

       Todavía contamos con un último documento de inestimable valor que nos proporciona un dato interesantísimo acerca de nuestras pesquisas sobre la posible primera procesión salida desde nuestra iglesia conventual. De nuevo el Archivo parroquial de San Fructuoso nos lo ofrece: se trata de una carta que la cofradía del Carmen de Abajo dirige al arzobispo metropolitano, cuyo principal asunto era una curiosa “denuncia” hacia las carmelitas: “Y como dichas madres carmelitas en este año (1771) principiaron novena a la Virgen, piensan en el último día de ella sacarla en procesión bajo el permiso de V. I.”.
       Como se puede apreciar, se nos proporcionan algunos datos de extremo valor: se sitúa en fecha exacta la celebración de la primera Novena dedicada a nuestra Madre Santísima en este monasterio: del 7 al 16 de julio del año de 1771, es decir, once años después de fallecida Madre María Antonia de Jesús. Así como la primera procesión solemne que se efectuó al término de la Novena, por las calles aledañas a nuestra Iglesia. Lo cual no puede por menos de sobrecogernos agradablemente, al pensar que desde ese momento, se ha venido realizando ininterrumpidamente este mismo Acto de devoción, siglo tras siglo, hasta el día de hoy, siguiendo exactamente el mismo orden de desarrollo. Con razón podemos comprender que la romería, que en la actualidad ha cobrado formas que rebasan con mucho una sencilla celebración en honor a la Virgen del Carmen, es una gran manifestación popular comarcana donde la Presencia de María, tan notable, se derrama en lluvia de gracias y bondades quasi-sacramentales, si se nos permite hablar con poca exactitud teológica, pero con mucha admiración espiritual… 
       Y no hay mejor prueba para avalar todo lo hasta aquí expuesto, que una pequeña muestra gráfica, que aquí les presentamos, atención de nuestro querido don José Pena, gran entusiasta anual de nuestras fiestas patronales. Por nuestra parte, desde nuestro modesto Blog, y con todo nuestro agradecimiento,les deseamos

¡muy feliz y alegre fiesta en todo el mes dedicado
a Nuestra Madre Santísima del Carmen!

N. Parte de esta documentación la hemos recabado de un artículo del Prof. D. Enrique Fernández Castiñeiras, publicado en la Revista de la Real e Ilustre Cofradía Numeraria del Rosario, Santiago, 13-18 de octubre de 1997.

¡Comenzamos la tarde con el rezo del Santo Rosario
ante la Majestuosa presencia de Jesús sacramentado!
¡Los puestos de rosquillas no pueden faltar
proporcionándonos su aire de romería!
¡Tienes la belleza del Líbano, del Carmelo
y del Sarón! ¡Tú eres toda hermosa,
Santa Madre de Dios!
El precioso Estandarte bordado
"por nuestras mayores", reposa ante
el Altar de San Juan de la Cruz




¡Desde niña me enseñaron a querer
a mi Madre del Cielo, la Reina del Carmelo!
¡Los buenos músicos de la Banda Municipal consiguen
henchir de nobles sentimientos nuestras almas orantes!


¡Atráenos, Virgen María, correremos tras el olor
de tus perfumes! ¡Salve, Reina, a ti la Gloria y el Honor!



“En este Monte sólo mora Honra y Gloria de Dios” (3)


      En los dos anteriores capítulos hemos abordado algún aspecto de la figura de P. José de Jesús-María, haciendo relación con Madre María Antonia de Jesús. Convendría ahora hacer un muy fugaz recorrido a través de los pocos escritos personales que él ha dejado, para completar el aspecto doctrinal de su pensamiento y su personal camino interior, que no puede por menos de reflejarse en ellos. Pero dejaremos para otra ocasión esta exposición, para pasar a una última faceta de su existencia: la decisiva importancia que ha tenido en toda la documentación que hoy tenemos de Madre María Antonia de Jesús, pues se le debe, directa o indirectamente.


Su misión proyectada hacia el futuro como custodio de toda la Obra de la Madre

        Todo lo que de padre José de Jesús-María se conserva hoy, dice relación a Madre María Antonia de Jesús. Encargado de la dirección espiritual de la Venerable Madre, trabajó a fondo en este cometido; nombrado después juez comisario de su primer Proceso (1761-1762), al año de su muerte, lo ejecutó con toda competencia; y procuró, cuanto estuvo de su parte, llevarlo a término feliz. Las circunstancias externas le fueron muy adversas pero, en lo que estuvo de su parte, ha dejado preparado el Proceso de Madre María Antonia para el día de hoy.
Obras Completas (escritos mayores) de Madre María Antonia de Jesús,
encuadernados "en cuatro" por el P. José de Jesús-María
      Padre José comprendía, a la vez, que los torrentes de luz y amor que Dios había derramado en el alma de la fundadora, no eran para María Antonia sola sino para todas sus hijas; por eso procuró hacerlos surgir, algo así como Moisés a golpes de vara sobre la roca, y en virtud de repetidos mandatos de obediencia impuestos a Madre María Antonia, hacer que ésta pusiera por escrito sus experiencias, mirando en esto la gloria de Dios, entrañablemente amado por él, y el bien de las almas no solo de sus hijas presentes sino aún de las futuras. Por lo cual iba exigiendo a Madre María Antonia -achacosa ya casi sin tener en cuenta estos achaques–, la escritura de sus diversas obras.

     En su declaración canónica manifiesta el padre profundo y vivo conocimiento de la vida espiritual, y grande aprecio de Madre María Antonia de Jesús, cuyas palabras va citando a lo largo de toda su testificación. En ésta se percibe una intuición espiritual profunda del plan de Dios sobre su Sierva, y un conocimiento notable también de su misión, haciendo a veces observaciones generales llenas de contenido. Declaró en Medina del Campo (Valladolid) del 20 de abril al 8 de junio de 1761. Su declaración, como primer testigo del Proceso, se halla completa en Informaciones I, ff. 4v al 181v.

     Con relación a los escritos de Madre María Antonia de Jesús padre José procuró recoger, mientras estuvo en Santiago de confesor, también para conocer mejor su espíritu, la Autobiografía, es decir la parte de ésta escrita en 1738 por orden del padre Antonio de la Cruz, que luego hizo completar a Madre María Antonia en el año de 1754–1755, bajo su dirección. A ésta añadió la Relación de Confesores, o epílogo de Autobiografía, y el Edificio Espiritual, ambos escritos bajo su obediencia, y las Notas Espirituales que le entregó don José Ventura de Castro, primer director de María Antonia en Bayona.

Ermita de san Elías, en el desierto de las Batuecas. 
¡Cuantas veces se habrá retirado para "vacare soli Deo" aquí
el P. José, dirigiendo los trabajos de los amanuenses y copistas
de los manuscritos de Madre María Antonia de Jesús!
       A estos escritos que tenía en su poder, el padre José añadió, mientras el proceso de 1761–1762, la casi totalidad de las Cartas que había recogido de modo procesal junto con otros documentos. Estas cartas y documentos, que hizo luego copiar aparte, forman un libro completo concluido bajo su dirección en el año 1767, como consta de su original. Durante su estancia en Batuecas (1757–1760) el padre José de Jesús-María había encuadernado los libros de Madre María Antonia, que entonces tenía en su poder, dividiéndolos en capítulos y poniéndoles los índices necesarios. Después de la muerte de la Sierva de Dios y antes de la segunda fase de su Proceso (curso de 1761–1762) bajo su dirección, fueron copiados estos escritos por padres amanuenses. Una vez concluido el Proceso, vista la coincidencia total de los testigos y fama de santidad de la Sierva de Dios, procuró la publicación de su obra escrita. Esta tarea final de su trabajo siempre le encontró en la brecha, hasta que no le fue posible actuar, ya por las dificultades del momento social que entonces atravesaba España, ya también por la pérdida de su salud.

Página autógrafa del Edificio. Admira la nitidez
en la escritura de María Antonia
   Cuando no había ni se preveía posibilidad de publicación por su parte, iba a su vez entregando –poco a poco– al Archivo de Carmelitas Descalzas de Santiago, aquellos libros de la fundadora cuya publicación no le era posible llevar a cabo, y posteriormente aquellos otros cuya prudente reserva no era ya necesaria. Entregó, primeramente, la copia en dos tomitos del Edificio Espiritual, copia tipográfica y conceptualmente muy cuidada, suprimiendo de su original las repeticiones y las alusiones relativas a su persona. Más tarde remitió el original y la copia primera del Edificio Espiritual. Después, ante la imposibilidad de proseguir y remitir a Roma los tomos relativos al Proceso de Madre María Antonia de Jesús, envió al monasterio de Carmelitas Descalzas de Santiago, los originales o Actas del mismo Proceso, o Informaciones; y finalmente, ya al final del siglo cuando habían muerto ya la casi totalidad de los testigos, los originales y la copia en dos libros de la Autobiografía de la Sierva de Dios, y la copia de Cartas, con sus autógrafos.

   Gracias a esta su inteligente previsión, y a su gesto de amor a la fundadora y a su obra que supone la guarda cuidadosa y fiel de sus escritos, se conserva todo lo referente a Madre María Antonia de Jesús en el Carmelo de Santiago de Compostela hasta nuestros días.

     Como consecuencia de todo lo dicho, se puede comprobar que la existencia de este padre venerable, Carmelita cabal, se consagró en su totalidad prácticamente al cuidado y conservación de la memoria viva de quien era para él sin duda alguna, una mujer a la que Dios “había dado en agradarse”, según el decir de nuestro padre San Juan de la Cruz, y que tomó por instrumento fehaciente para manifestar su Amor hacia las almas, confiriéndole el talante de fundadora de un monasterio de Carmelitas. Con una intuición más que profética, padre José de Jesús-María se adelantó a la historia, dejó preparados y abiertos los caminos para la Canonización de su dirigida, y procuró poner a este servicio de la Iglesia toda su ciencia y su fina laboriosidad, dejando suficiente material para superar cualquier posible obstáculo o reparo que se intentase interponer entre la Causa y la verdad sobre quién era Madre María Antonia de Jesús. Por esta ingente y meticulosa dedicación que tanto nos ha aportado, hoy queremos rendirle un homenaje de gratitud en nuestro Blog.




¿Y qué sucede cuando dos almas grandes se encuentran?… (2)

        Tal y como habíamos previsto en la parte primera de esta breve presentación del Padre José de Jesús-María, alias “El Místico”, nos complace abordar ahora un segundo aspecto, de carácter autobiográfico. Vamos a hacer uso de su propia narración, para que nos responda a la pregunta que inevitablemente surge en nuestra curiosidad: ¿cómo llegaron a conocerse estas dos almas grandes?...

       Padre José nos ha dejado un inapreciable documento, sin duda inspirado por el Espíritu Santo, que consiste en una Carta dirigida a toda la comunidad de Carmelitas de Santiago al poco de fallecer su Fundadora. En esta Carta, el padre desvela todo el secreto de la grandeza de la Madre María Antonia, y da a conocer a la comunidad la existencia de sus escritos inéditos, que se desconocía por completo, pues el mandato de su confesor de escribirlos había permanecido oculto a las hermanas por deseo del mismo.

        Podríamos imaginarnos que en lugar de dirigirse a aquellas carmelitas de entonces, nos estuviese hablando a nosotros mismos. De hecho, evidentemente, consideraba que la figura y la santidad de la Venerable Madre María Antonia tendría una repercusión en la historia y en el futuro de la Iglesia, de ahí su enorme esfuerzo por consignar y recopilar al máximo posible todo lo concerniente a ella. Pero esto lo veremos en un último capítulo. Hoy nos centramos tan sólo en el relato de este encuentro mutuo. ¡Escuchemos, con deleite espiritual, su exposición!:
Desierto de San José de las Batuecas,
convento de los Padres Carmelitas Descalzos
   “Estando yo el año de 1754 lector de Sagrada Escritura en nuestro Colegio de San Elías de Salamanca, encomendando a Dios, nuestro Señor, como lo suelo y debemos hacer cuando se celebra nuestro capítulo general, diese luz a nuestros reverendos padres capitulares para el acierto en las elecciones y determinaciones ordenadas al bien común de nuestra sagrada religión. Bien descuidado del destino que me esperaba, y con grandes ansias de que me dejaran desocupado de lo que me pudiera impedir el cumplimiento de mis deseos, y a un voto que tengo hecho de retirarme, cuando la santa obediencia me lo permita, a nuestro santo desierto de San José del monte de las Batuecas […], el martes de pascua del Espíritu Santo, recibí una carta de nuestro reverendo padre provincial, recién electo, fray Andrés de Santa Teresa, con la patente de confesor de nuestras madres carmelitas descalzas de esta ciudad de Santiago de Galicia, en que me decía lo que insertaré aquí, por parecerme conviene así en las circunstancias  presentes para mucha gloria de Dios, a quien se la doy, con harta confusión de verme indigno de tantas honras como le debo a su reverencia. Dice pues:

  ‘Mi padre lector y muy de mi estimación: Hallándose vacantes las plazas de confesores de nuestras religiosas de la ciudad de Santiago, e informado del padre provincial que acaba de gobernar la provincia, necesita aquella comunidad por nueva y aún no bien cimentada, directores doctos, prudentes, virtuosos y singularmente celosos de las leyes que nuestra madre santa Teresa dejó en herencia a sus hijas, de consejo de los padres más graves de la provincia, puse los ojos en la persona de vuestra reverencia, seguro de que su notoria virtud, celo, prudencia, sabiduría, me desempeñara en un asunto de tanta consideración. No dudo que para el deseo que vuestra reverencia tiene de retiro sea amarga la obediencia; pero es menester sujetar nuestro gusto al de Dios, a quien hicimos sacrificio de nuestra voluntad. El que en ella me dará a mí no lo sé ponderar, pues aliviará en gran parte el grave peso de mi insoportable cruz. A nuestra madre santa Teresa hará un servicio tan de su agrado, que dudo que en el tiempo presente mire otro con mejores ojos. Espero de su mucha religiosidad que no resistirá en mi voz a la del Señor, etc’.

Aspecto de "la nueva fábrica", antes de que
se edificase en su entorno la actual urbanización
(Foto de Archivo)
       En virtud de esta carta y patente de nuestro reverendo padre provincial y asenso firme de que esto era lo que quería de mí Dios, nuestro Señor, dispuse luego venirme de Salamanca a esta ciudad de Santiago, con el ánimo serio de dedicarme con todas las fuerzas de mi alma, a promover los aumentos del edificio espiritual y material de esta santa fundación, en que se cifra a mi corto entender, la obligación principal de los que residimos en esta hospedería, hasta concluirse la nueva fábrica.

      Y comenzando a ejercer el principal ministerio de confesor, en compañía de mi padre fray Joaquín de Jesús-María, que acababa de ser prior del sobredicho nuestro santo desierto de las Batuecas, víspera de nuestro patrón, Santiago, entre las religiosas que se confesaron conmigo y me comunicaron su interior –que fueron casi todas las que ahora hay-, entabló conmigo su dirección espiritual la Madre María Antonia de Jesús, después de haberme tanteado a su modo, y propuesto con disimulo prudente, algunas dudas acerca de lo que le pasaba en su alma.
"Víspera de nuestro Patrón, Santiago":
detalle hermosísimo de su imagen pétrea
en el Pórtico de la Gloria, recién restaurada
     De esta Madre no tenía yo antes más que una confusa noticia, como ni tampoco de los principios y pasos que dio a fin de conseguir esta fundación. Antes bien, confieso de mí, que la miraba con aversión y ceño a esta planta nueva, por las que tenía de que comenzaba con muchos caudales y conveniencias, y con esto no se conformaba mi espíritu, ni me parecían muy a propósito para una primera fundación de carmelitas descalzas en nuevo reino y Reino de Galicia. Antes me parecía que caminaba por distante rumbo a las que fundó por sí misma nuestra gloriosa madre santa Teresa. Pero luego, sea Dios bendito, salí del engaño tan manifiesto con lo que veo por mis ojos y oigo con mis oídos.

      Confesóse primero conmigo generalmente la Madre María Antonia; y habien­do hecho esta diligencia, me dio noticia individual de las divinas misericordias que Dios había derramado sobre su alma –cuanto pudo acordarse–, acerca de la pretensión de esta santa obra. Me comunicó las luces y soberanas mercedes que el Señor le hizo: los caminos que anduvo; las diligencias que practicó por sí y por otros; los trabajos y contradicciones que padeció hasta verla en el estado en que está; en cuya mutua comunicación espiritual gastamos algunos días, con mucho júbilo de mi alma y renovación de la suya, con tan dulces memorias”.

Fachada del monasterio, con su Virgen del Carmen, todavía sin restaurar
y sin la nueva corona que en la actualidad porta, donación de sus múltiples devotos.
       Hasta aquí el fragmento de la Carta a la Comunidad dirigido por el Padre José de Jesús-María. Y esto podría darnos ya como una respuesta nítida a la pregunta inicial que nos hacíamos: cuando dos almas grandes se encuentran, las obras de Dios florecen, se vive la belleza de un Amor en Esperanza, y se esboza, en el tornaluz de la tarde, una puerta siempre abierta en ademán de eternidad…


¿Quién es el Padre José de Jesús-María, apodado "El Místico"? (1)

Padre José de Jesús-María, hijo preclaro
del gran Reformador del Carmelo,
Ntro. Padre San Juan de la Cruz
          La figura del P. José de Jesús María –apodado por sus hermanos de hábito como “El Místico”- va estrechamente unida a la persona de la Venerable Madre María Antonia de Jesús. Por la incidencia que tuvo en su vida, como director espiritual suyo en los seis últimos años de su existencia, por su destacada personalidad, por su doctrina ascético-mística, del más puro sabor tradicional, no menos que por su producción literaria, si no muy copiosa, sí muy estimable, y por su importancia en toda la documentación que hoy tenemos de Madre María Antonia de Jesús, este padre carmelita, espiritual y muy docto, merece que le dediquemos una atención muy especial en nuestro Blog.

        Como el espacio no da lugar a una exhaustiva exposición –tal y como sería nuestro deseo-, nos vamos a limitar a dar los datos más esenciales y sobresalientes de su vida, tanto en el aspecto biográfico, como en el imprescindible papel que desarrolló en vida y en muerte de Madre María Antonia de Jesús. Al hilo de esta doble visión de su figura, comenzamos por abordar el desarrollo cronológico de su vida y su identidad humana.

    Era hijo legítimo de don Antonio de Nóvoa Pimentel y de doña Catalina González Quiroga. Nació en Vilela (Orense) en 1715 y falleció en Ávila, en 1798. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Esteban de La Rúa el día 2 de agosto de 1715. Era el segundo de los hijos del matrimonio de Pimentel Nóvoa y González Quiroga. Lo bautizó don Alonso Parra; su nombre bautismal fue José Antonio, y sus padrinos fueron el licenciado don Francisco Pérez, vecino del lugar de Vilela y Josefa de Losada, vecina de San Esteban. Está consignado su bautismo en el Libro de Bautizados de San Esteban de la Rúa, en el Archivo Diocesano de Astorga. En el mismo Archivo Diocesano ha sido posible recabar abundante información acerca de casi toda la familia de Pimentel-Quiroga. Las Actas de Bautismo y Defunción nos dicen quiénes eran sus hermanos: don Juan Antonio, don Hermenegildo, y la madre sor Catalina, monja capuchina; el 31 de enero de 1743 consta la muerte de Nicolás, otro hermano suyo, joven, acaecida cuando contaba diez y ocho años de edad, y estaba viuda ya doña Catalina. Contando con el Padre José de Jesús-María, en total, cinco hermanos.
Castillo de Monterrey, muy cerca de La Rasela (Ourense)
    La educación familiar del padre José fue muy esmerada: hizo sus estudios en el Colegio de jesuitas de Monterrey, muy cercano al lugar de origen de su familia: La Rasela. La actuación posterior del mismo padre José de Jesús-María confirma su exquisita formación humanística y científica. Fueron, por otra parte, como innatas en él la delicadeza y suavidad de trato, junto con una profunda inteligencia, amplia y cultivada. Poco sabemos de su infancia y juventud; tan sólo tenemos una pequeña nota autobiográfica suya, consignada como al azar en la Copia de la Autobiografía de Madre María Antonia de Jesús.
Iglesia Parroquial de Castropodame (León).
Cuando la Venerable narra el viaje de las fundadoras a Santiago y habla de su paso por Ponferrada, Padre José, aludiendo a una tía suya que acogió en su casa a las fundadoras, apuntala en esta Copia: "antes de llegar a Ponferrada, durmieron en Castropodame, en la casa de don José Fajardo y de su consorte doña Juana de Quiroga y Prada; con mucho consuelo suyo y de su madre, doña Isabel de Prada a quien debo yo, después de Dios, la vocación de carmelita descalzo y su logro" (ACCDSC, Copia de la Autobiografía, T. II, pp. 373–374, nota marginal autógrafa).

     El Libro de Difuntos del convento de Ávila y los Libros Oficiales de Difuntos, donde se consignaban las notas necrológicas, nos dicen que profesó en el noviciado carmelitano de Valladolid, en el año de 1735. Previa a su entrada en la Orden del Carmen se exigía a todos sus candidatos, el conocimiento de latín y gramática. Padre José muestra en sus escritos perfecto dominio de estas materias, que sin duda adquirió en el Colegio de Monterrey y perfeccionó después en los cursos de Artes.


       Siguiendo ya las indicaciones dadas por el mismo padre en su declaración canónica del Proceso: "terminados los cursos" fue durante tres años ayudante de lector (especie de profesor auxiliar): (1745–1748); leyó seis años Teología Expositiva y Mística: (1748–1754). Y, al concluir estos años de lector, queriendo retirarse para vacar a Dios al Desierto carmelitano de Las Batuecas, adonde ya había ido por primera vez siendo lector, el día 2 de mayo de 1749, durante tres meses (Libro de Hermitaños de Batuecas, f. 149), lo solicitó del padre provincial, fray Andrés de Santa Teresa.
Primer asentamiento de la inicial fundación.
Aquí confesó durante tres años a Madre María Antonia el P. José
Es entonces cuando es enviado por este padre provincial como confesor a las carmelitas descalzas de Santiago de Compostela, que estaba casi en los inicios de su fundación. Esta designación la hizo el padre provincial teniendo en cuenta la valía teológica y espiritual del padre José de Jesús-María para este cargo (Carta del padre José de Jesús-María a la comunidad compostelana el 25 de abril de 1760, escrita después de muerta Madre María Antonia de Jesús).

    En Santiago permaneció tres años como confesor, de 1754 a 1757. Nombrado prior de Batuecas en 1757, terminó su priorato en 1760. Fue nombrado en aquel año prior de Palencia, y es entonces cuando se ejecuta el Proceso Canónico de Madre María Antonia de Jesús (1761–1762).

      En 1763 fue maestro de novicios, en Valladolid; llamado a sustituir al prior de Segovia, en 1765. En el capítulo general de Pastrana, que se comenzó el 16 de abril de 1769, era prior de Valladolid y es nombrado rector del colegio de Salamanca: 1769–1772. Con estos oficios compaginó los de definidor provincial que tuvo varios años. La última vez que aparece en el Libro de Capítulos Provinciales de Castilla la Vieja es en 1774, a cuyo capítulo acudió (C–I–1); en él cesó en su cargo de primer definidor provincial. En este capítulo figura como conventual de Las Batuecas. Su nota necrológica aclara que en los últimos veinte años de su vida se quedó ciego, y estuvo retirado por su enfermedad en el convento de carmelitas descalzos de la Santa, en Ávila.

En la Casa Natal de Santa Teresa pasa los últimos 
años de su vida, dando un testimonio de santidad
    La nota necrológica del padre José de Jesús-María, que se encuentra en el Libro de Difuntos del Convento de Ávila nos lo muestra en los veinte últimos años de su vida dedicado de lleno a la oración mental, con matices muy delicados: la hacía siempre de rodillas, aún en su ancianidad, y con las manos juntas; lo presenta entregado a su labor ministerial de guía espiritual en el confesonario, muy estimado por toda clase de personas "especialmente las de mayor categoría" y afable en el trato fraternal con sus hermanos; destacando –principalmente– su suavidad, comprensión y espiritualidad de tal modo que mereció el apelativo de "El Místico" con que se le conocía en toda la provincia. Apreciaba su enfermedad grandemente, como don de Dios, y la llamaba: la más grande de las misericordias del Señor para con su alma. Se mantuvo siempre apacible y suavemente alegre, como varón santo, que por tal era tenido. Al fin, cargado de méritos y de virtudes, a consecuencia de una colitis aguda, moría como un santo, después de veintitrés días de penosa enfermedad, el 6 de agosto de 1798. Contaba al morir ochenta y dos años; de ellos, había pasado cincuenta y tres en el Carmen descalzo, con la más edificante ejemplaridad. Está enterrado en el convento de la Santa, en Ávila; sus restos reposan ahora bajo el pavimento del Panteón de la comunidad. (Continuará).

Lugar primitivo  de su sepultura antes del emplazamiento actual