Breve comentario sobre el Edificio espiritual
El padre Isidoro de San José, O.
C. D., en su edición del Edificio espiritual[1],
afirma que esta obra constituye un código de doctrina ascético-mística: no es
teoría, sino el fruto de una sincera experiencia vital. En ella se advierte que
gran parte de su magisterio nació de su experiencia con el Dios trinitario,
pues, a lo largo de sus páginas, las tres Personas se manifiestan mediante
palabras, gestos, visiones, mociones o intuiciones. Se trata, por tanto, de una
profundización en su vida espiritual, iniciada anteriormente en su Autobiografía.
El libro constituye un legado espiritual para sus religiosas, para el Carmelo y
para todo aquel que quiera buscar a Jesús en la profundidad del abismo
interior.
Recurre a la metáfora del edificio para intentar explicar lo inefable: el misterio de Dios. “El Señor la hizo ver un hermoso templo iluminado por unas lucecitas blancas, dándole a entender que en él había de ser muy alabado”[2].
En este libro, señala el padre Isidoro, se presenta, desde la sencillez de la madre María Antonia, la teología de la perfección cristiana junto con la vivencia monástica, aspectos en los que se profundiza en la primera parte de la obra; la segunda parte aborda los frutos de la experiencia de la oración.
“En la primera [parte] se ponen
los cimientos, se levantan los muros y se coloca el techo. En la segunda parte
se construye el interior del templo espiritual: la pintura y el ornato, las
pequeñas cosas que embellecen toda la estructura. En la primera, siguiendo a
santa Teresa de Jesús, se presentan la humildad y el conocimiento propio como
fundamentos, así como todo lo propiamente monástico: los votos religiosos, el
silencio, la mortificación, la sencillez y la celda. El techo representa la
protección contra todos los enemigos del alma. La segunda parte se configura
como un tratado de oración propiamente dicho, con elementos como la oración
mental, la penitencia y el acompañamiento espiritual”
[3].
El Edificio sigue los lineamientos
de los tratados espirituales clásicos, con las etapas purificativa, iluminativa
y unitiva, en las que se describen los fenómenos que pueden acontecer. La
autora habla siempre desde su experiencia, acompañada por la doctrina de santa
Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, y con un matiz claramente carmelitano.
Quien se acerca a sus manuscritos
advierte que fueron plasmados impecablemente en hojas en blanco, con poquísimas
correcciones. En ellos se vislumbra la mano del Espíritu Santo. Los invitamos a
asistir, el próximo 27 de octubre de 2026, al lanzamiento de la edición
completa del Edificio espiritual; también los animamos a leerla,
saborearla y adentrarse en los caminos del espíritu para llegar al centro del
alma humana.


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