"¡OS ANUNCIO UNA GRAN ALEGRÍA!..."

 Editorial Monte Carmelo

                                                                    www.montecarmelo.com

 

                               Colección Maestros Espirituales Cristianos

Nº de páginas: 1.250   Formato: 125 x 180 mm.

                                        A la venta el 19 de abril 2021

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A la Madre María Antonia de Jesús le suponía un terrible esfuerzo y sacrificio cumplir la obediencia que le imponían sus confesores de escribir el relato de toda su Vida, tanto en el aspecto externo como en el interior. Sin embargo, aun considerando que lo que ella pudiese escribir carecía de valor, era al mismo tiempo consciente de que Dios había obrado maravillas a través de ella...

Afortunadamente para nosotros, sus confesores pensaban de diferente manera, en cuanto al valor de estos escritos, traspasados por el Aire del Espíritu, que los convertía en verdaderas piezas de mística vivencial, de la más aquilatada calidad, dejando a un lado el talento literario con el que Dios la había dotado para expresarse y “decirse” a sí misma…

Para no distraerles del “anuncio” principal de esta entrada del Blog, solamente destacaremos algunas reflexiones entresacadas o bien de los Prólogos de nuevo Libro de la Autobiografía, o bien de algún estudio que hemos hecho acerca de su estilo literario.

Queremos encarecidamente congratularnos con todos aquellos de ustedes que, paciente y perseverantemente han deseado durante largos años ver cumplido este sueño; un sueño compartido por gran cantidad de personas, ávidas de alimentarse de estos ejemplos de vida con los que los místicos saben “engolosinarnos”, suscitando en nuestras almas admiración y vivencias personales que no son de esta tierra… Transcribimos someramente:

    “Ha llegado un día grande para nosotras, largamente esperado: el de ver cumplido el sueño de que la Autobiografía de nuestra Venerable Madre María Antonia sea publicada -en su primera Edición-, y entregada al público como un mimado tesoro encerrado durante siglos en nuestro monasterio.

Padre José de Jesús María, su confidente y confesor, había sido el destinatario último de estos escritos, que custodió celosamente hasta el fallecimiento de la Madre. Apenas transcurrido un mes (Carta a la Comunidad, 25 de Abril de 1760), se determinó a mostrar a las religiosas el “secreto” de estos papeles, escritos por obediencia, del que las monjas lo ignoraban todo…

Inmediatamente, se pone de manifiesto en la comunidad la veneración y admiración que ya reinaba hacia la figura de su Fundadora. Admiración que crece de punto al poder conocer de su propia pluma ese “secreto de su alma”, los beneficios y el arrollador cúmulo de gracias místicas con que Dios la ha bendecido a través de tantos lances y vivencias inauditas […] ¡Es lo que hoy te presentamos!” (Prólogo III de la Edición).


     “La obra que presentamos es una joya de la espiritualidad clásica. Se trata de la Autobiografía de una mística carmelita descalza que, por su situación histórica existencial (siglo XVIII), hace de maravilloso eslabón entre las primitivas carmelitas descalzas, que prolongaron la experiencia mística iniciada por su Reformadora Santa Teresa (siglo XVI) durante el siguiente siglo, XVII: figuras de la relevancia de la Venerable Ana de Jesús, Venerable Isabel de Santo Domingo o Venerable Ana de San Agustín -por citar sólo algunas-, y las figuras más cercanas a nuestra época como santa Teresa de Lisieux, santa Isabel de la Trinidad, o santa Teresa- Benedicta de la Cruz, las cuales son, con todo acierto, consideradas como exponentes máximos de la misma corriente mística de sus Padres Reformadores.

Madre María Antonia de Jesús es la única carmelita mística y escritora –además gallega- que surge en el horizonte del llamado “siglo de las Luces”, o siglo de la Ilustración. Por ello, tanto su obra escrita como su magisterio y su obra fundacional cobran una gran importancia, y, de hecho, entronca maravillosamente con la gran gesta mística de la Tradición carmelitana, aunque aportando sus rasgos específicos, que la distinguen de las otras figuras mencionadas, enriqueciendo aún más el carisma teresiano.

[...] Terminamos estos meros esbozos acerca de su estilo y manera de escribir apuntando una constatación sutil: cuando se busca el nombre de alguna mujer gallega escritora del siglo XVIII, el resultado es prácticamente nulo. Sólo en el siglo posterior, cuatro grandes literatas despiertan el alma femenina de esta tierra. Con la Autobiografía de la Madre María Antonia que hoy sale a la luz por vez primera, se hace justo reconocimiento a la primera mística y escritora carmelita gallega, que emerge de la sombra de la historia del XVIII acusando un perfil femenino del alma galaica que se desconocía. Con ella, se salva un vacío lamentable que empobrecía nuestra cultura, y aparece un semblante “antiguo y nuevo”: el de la que será conocida entre los suyos como “A Monxiña do Penedo”, Madre María Antonia de Jesús”. (Dossier de Prensa, Estilo literario).


 * Nota informativa: En la correspondiente Sección de este Blog -(Libros)- facilitamos los contactos con los que puedan obtener más información, o realizar los pedidos de algún ejemplar. Allí mismo pueden contactar con nuestra Tienda On Line. ¡Felicidades a todos por este logro, que tanto fruto dará en las almas, en la Iglesia, y en cualquier hombre o mujer con hondas inquietudes, buscadores de la Verdad!



 ¡Oh noche santa, 

más brillante que el sol!

¡Noche de Bodas, 

mas blanca que la luz!

Este es el clamor maravillado de la Iglesia-Esposa, que proclama, en el colmo de su alegría y estupor, que Cristo-Jesús, ha Resucitado, ha salido triunfante del sepulcro, dejándolo vacío, y viene a celebrar, como el que Vive para siempre, sus Bodas con la Iglesia, es decir, con cada uno de nosotros, con cada bautizado...

No tenemos mejor felicitación pascual para este año que la de compartir con todos los que os acercáis tan amorosamente a nuestro Blog, una Presentación que contiene como música principal de fondo el canto propio de la Comunión de la Vigilia Pascual. Está interpretado por el sencillo coro de las Hermanas que formamos la pequeña comunidad actual de nuestra querida Madre María Antonia. El texto es, como decimos, el propio de la Comunión. La música fue compuesta por el gran musicólogo compostelano, ya fallecido, D. Nemesio García Carril. 

En medio de nuestras dificultades y dolores de cada día -que tal vez acompañen estos radiantes días de Pascua-, podemos cantar con pleno convencimiento y consuelo esta canción que nos habla de un Triunfo definitivo... No se acaba todo con la muerte..., ¡al contrario!: ¡todo empieza a cobrar sentido y plenitud -especialmente nuestro sufrimiento y nuestras pruebas-, cuando la muerte nos abre el camino hacia las Bodas del Cordero, cuando nuestra "noche de Bodas" -el alma con su Esposo Cristo-Jesús- se funden en el abrazo eterno de Su incomparable y misericordioso Amor...!

¡Gracias a la querida Madre Maestra de la Comunidad de Jakarta (Indonesia), por haber preparado tan  finamente este entrañable Power Point para nosotros!




¡¡¡Santa y Feliz Pascua Florida

para todos!!!


"¡Mirad, todas las naciones!... "

Pintura al óleo de la Dolorosa que se venera en el antecoro alto del monasterio.


"Vosotros, 

los que pasáis por el camino,

mirad, y decid 

si hay dolor como mi dolor..."


"Por los cinco continentes
De rojo está el firmamento,



Mas, por la Sangre Preciosa,
Precioso está el sufrimiento…"



(Himno litúrgico del Viernes Santo)


 Semana Santa 2021: 

todos en mística contemplación, 

tras las Huellas de Jesús...


"Cristo atado a la columna". Reproducción, en cartela
de grandes dimensiones, del "Cristo de santa Teresa",
que se venera en la ermita pequeña de nuestra huerta.

¿Quién es ese que viene recién atardecido, 

cubierto con su Sangre, 

como Varón que pisa los racimos?...


¡Este es Cristo, el Señor, 

convocado a la muerte, 

glorificado en su resurrección!



"¡Hoy a tus pies, glorioso san José!"... (Himno litúrgico de su solemnidad).

 "Casiña do meu contento"... (IV)


       Queridos amigos: 
            ¡¡¡Llegamos, con inmensa alegría, devoción y gratitud, al 19 de marzo, a la gran Fiesta de nuestro Padre san José!!! 
         Este año revestimos de gala y de ornato el día a él dedicado, deseosos de que, la preciosísima Carta apostólica del Papa Francisco, Patris Corde, nos haya calado hondo hasta el punto de haber notado un progreso llamativo en nuestro amor hacia este Santo, del que dice que tuvo una misión única para custodiar, velar y decidir los momentos más desconcertantes y peligrosos de la infancia de Jesús. Es una Carta que aconsejamos a todos leer, porque ciertamente el corazón del Papa se ha dejado ver al descubierto, y cada reflexión sobre ese “hombre amado, hombre de la ternura, de la obediencia, de la valentía creativa, la sombra del Padre en la tierra”, ese hombre maravilloso y fiel, humilde y práctico, es toda una radiografía espiritual para conocerlo mejor y amarlo como Jesús y María le han amado...

   Con estos sentimientos de amor y de gratitud hacia este padre bueno que es José para cada uno de nosotros, la mejor manera de honrarlo desde estas páginas del Blog, será narrando el final de la peregrinación de nuestras cuatro amigas, que precisamente rondando la fiesta de san José  -llegan a Sevilla la antevíspera del 19 de marzo-, alcanzaron su meta y sus deseos, no sin la manifiesta intervención del glorioso Patriarca… ¡Escuchemos el emocionante relato de María Antonia!:

        “Llegamos a Sevilla. Y antes de entrar dentro de los muros de la ciudad, despachamos al ordinario con sus caballerías. Y un rato de camino fuimos a pie, solitas, derechas al barrio donde vivía el hermano, el que nos estaba esperando. Llegamos al barrio, y quiso Dios que encontramos con él que debía de andar por allí de propósito, por ver si llegábamos. Le saludamos, y él hizo lo mismo. Y me preguntó lo primero, cómo habíamos tardado tanto en llegar. Yo le dije que, después de ser mujeres, que habíamos estado algunas de nosotras, malas; y que fue preciso el detenernos; y después de esto, que lo más del camino habíamos caminado a pie, y a la divina providencia. Él dijo: –Que hayan tenido valor, me espanto. Pocas palabras gastamos en este primer encuentro que, me parece, fue la antevíspera de nuestro padre san José cuando llegamos a Sevilla, y hablamos con mi hermano la primera vez en aquella ciudad. Nos llevó a una casa de una buena sevillana, que ya le tenía pedido un cuarto para nosotras”.

     Al día siguiente, 18 de marzo, después de haberlas dejado descansar, pues estaba “harto compadecido”, Juan Antonio vuelve a verlas de nuevo:

“Y, después de un rato de conversación, todas juntas, nos apartamos los dos para hablar lo que era preciso. Lo primero que me dijo el hermano, sin que yo empezara la conversación fue, que bien sabía a lo que yo iba por noticias antecedentes, que si yo esperaba licencia suya para apartarse de mí, que eran en vano mis pensamientos y que mi viaje había sido ocioso. Que en cuanto a materia de apartarse de mí para siempre, que si no fuese por muerte, sería imposible;  […] –Ahora ya veo que traes esas pobres doncellas contigo, con ánimo de trabajar cuanto puedas para ver si pueden lograr su vocación y buenos deseos que muestran, en retirarse del mundo para consagrarse a Dios. 

Y porque me compadezco de sus buenos deseos y ver que han tenido valor para acompañarte por esos caminos, te doy licencia para que hagas lo que Dios te inspire por ellas; y, aunque sea necesario el que vayas a Roma, te doy facultad para ello; pero con la condición que, después de hacer todo lo posible para que ellas logren el verse en el estado religioso que desean, te has de volver conmigo y nos mantendremos juntos hasta la muerte. –Yo dije: –Enhorabuena, hermano mío; y alabo a Dios de verte tan lleno de caridad que te compadeces de estas pobres doncellas. Esto se quedó así; él se retiró a su vivienda y nosotras nos quedamos en nuestro cuarto. Yo dije a mis queridas hermanas que el hermano estaba muy compadecido de ellas, pero que de mí mostraba poca compasión […]. Esto se quedó así hasta que vino la noche, que fue la segunda de haber llegado a Sevilla: que a mí me parece fue la víspera de nuestro padre san José. Yo pedí a Dios luz sobre si me convendría ir adonde él estaba; que me parecía a mí imposible no mover el Señor el corazón de aquella criatura, según mi fe y lo que había entendido de mi divino Esposo en el retiro de mi casa: de que me dejaría con libertad y él mismo sería religioso”.

          María Antonia pasa a la casa de su marido a esas horas del anochecer, y lo encuentra con la misma actitud que al principio. Juan Antonio tiene la costumbre de salir a rezar el Viacrucis, y así, deja a su mujer sola en el cuarto, invitándola a que mientras él está fuera, se acomode para dormir y descansar. Durante este tiempo transcurrido a solas en el cuarto, se ha puesto de rodillas, está en profunda oración, soportando un gran sufrimiento, pues todo lo que esperaba conseguir, el consentimiento de separación eclesiástica de su marido, se le ha venido abajo. Entonces, sin poder ocultar su pena, comienza a desahogar su corazón ante su Amado Señor:

      “En medio de mis súplicas en esta oración, que toda yo estaba bañada en lágrimas sólo de pensar que había de volver a la vida del matrimonio, no tenía fuerzas mi corazón para sufrirlo. Estando en esto me acordé de mi padre san José, y le dije: –Padrino mío, ¿qué has hecho? ¡Ha tanto tiempo que te encargué pidieras a mi divino Esposo moviera el corazón de este hombre para que me dejara libre para mi Esposo divino! – Al punto se me apareció mi santísimo padre san José, y me dijo con palabras sensibles: –¿Acaso no puede Dios hacer el milagro, aunque se haya pasado tiempo sin mover el corazón de tu marido en lo que deseas? A este modo fue lo que entendí de mi padre san José. Que era el decirme que, para Dios hacer la maravilla de mover el corazón del hermano para que me diera libertad, como he dicho, que no necesitaba el Señor hacer milagros antes de tiempo. Con esto me consolé [...].

        […] Pero, al punto, –que muy poco tiempo se pasó– me quitó el Señor de mi duda, que llamó el hermano, o abrió la puerta del cuarto donde me había dejado y, como me vio sin luz, dijo: –¿Has apagado la luz y no te has recogido a descansar? Yo, antes de que me viera, me levanté de donde estaba de rodillas y me senté en una silla como si tal oración no hubiera tenido. Él se sentó en otra silla, como una cosa que venía accidentado, con un color en el rostro cual nunca le había tenido. Como yo vi que estaba un poco trasmudado de su ser natural, le dije: –¿Qué tienes? o ¿qué te ha dado? Tú no traes el semblante que llevaste cuando saliste del cuarto. Él estaba de manera que, casi, no me podía responder y como una cosa sofocada, me dijo: –¿Qué tengo de tener? Lo que te suplico y te puedo decir es que me ayudes a hacer una confesión de toda mi vida que tan mal la he empleado. Yo le dije: –Dime: ¿qué ha sido eso que te ha dado, que vuelves de afuera con tan buenos deseos? Me dijo: –Lo que te puedo decir es que yo me quiero confesar a mi gusto; y quiero entregarme a Dios mejor de lo que lo he hecho hasta aquí. No quiero nada de esta vida, ni deseo otra cosa más de servir mucho a mi Dios. Y convengo en que nos apartemos para el fin de servir al Señor. Si tú quieres entrarte religiosa, yo haré lo mismo. Y nos daremos el consentimiento -uno a otro- delante de quién convenga, para que tú vayas, con la bendición de Dios, adonde su Majestad te llevare. Que yo haré voto de entrarme en religión también. Yo, al oír esto, confieso que no sé si estaba en cielo o en la tierra de ver aquella maravilla que hizo el Señor en aquel corazón, tan de repente que no había pasado hora y media cuando él estaba o mostraba mayor fortaleza, en cuanto a no darme libertad. Y esto sin que yo le hiciera la menor fuerza, como he dicho. Y ahora, de suyo, me ofrece todo lo que yo deseaba y no se podía pedir. 

 ¡Sea Dios infinitamente glorificado por todas sus maravillas!”.
(Autobiografía, CC, 83-84)


"Casiña do meu contento..." (III)

Este plano refleja muy bien la ruta que hubieron de seguir las peregrinas de Dios
para pasar la frontera entre Portugal y el sur de España

     Al escribir esta narración, nos encontramos a 14 de marzo de 2021. Hace 291 años, en este momento de la peregrinación de nuestra Madre Mª Antonia y sus tres compañeras, que van en busca de su esposo, Juan Antonio Valverde, para pedirle Acta de separación matrimonial, nuestras peregrinas han recorrido ya prácticamente tierras portuguesas, saliendo de allí por Vila Vizosa a España, que hace frontera con la ciudad de Zafra, provincia de Extremadura.

Atrás dejan nuestras amigas las grandes ciudades que han atravesado de Viana, Oporto, Coímbra, y Abrantes. En cada una de estas localidades han tenido anécdotas múltiples, algunas que afectaron físicamente la salud de dos de las peregrinas, que fueron ingresadas en hospitales de caridad; pero en aras de la prisa que llevamos para ir coincidiendo con el ritmo que llevan ellas, rumbo a Sevilla, dejaremos para otra ocasión el relato apasionante en el que María Antonia se nos muestra como genial escritora descriptiva, y le pedimos que nos cuente estos últimos tramos de la agotadora expedición:

Aspecto de una antigua calle de Oporto, cerca del Puerto

“Ya llegamos al último lugar de Portugal, donde hallamos una señora que nos hizo mucha caridad, que nos llevó a su casa y nos dio bien de cenar donde también dormimos. Y al otro día salimos de este lugar para los primeros lugares de España”.

   

Iglesia de la Candelaria, Zafra (Badajoz)
“[…] Salimos del reino de Portugal no sé qué días, entradas en cuaresma. En el principio de Extremadura, por aquella parte por donde llevamos nuestro viaje, eran los lugares muy chicos y pobrecitos, que no había providencia para nada y lo pasamos con algún más trabajo, hasta llegar a la villa de Zafra que es pueblo grande [...]. En el primer lugar que encontramos de España, nos llevó un cura a comer aquel día a su casa y, como lloviese mucho, no tuvo ánimo de dejarnos salir, que dormimos allí aquella noche. Al día siguiente fuimos a misa a una iglesia de este lugar y, como estábamos hechas a ver las imágenes de Portugal –así de nuestro Señor Jesucristo como de su santísima Madre y demás santos, de hechura muy grandes y de alta estatura– como digo en esta iglesia primera donde entramos tenía el retablo una imagen de nuestro Señor, proporcionada. Yo miré a su Majestad, que me causó no sé qué especial devoción, y dije a las hermanas, tan sencillamente como si dijera una gran cosa: –Gracias a Dios, hermanas mías, que ya vemos a nuestro Señor Jesucristo y divino Esposo, español. Fue tanta su risa de ellas, que les causó el dicho tan de repente, que, aunque fuesen muy melancólicas, era cosa de desterrar toda tristeza, porque les cayó tanto en gracia que no se podían valer de risa, y yo, acordándome de mi tontería, hacía lo mismo que ellas”.


    Todavía se explaya más María Antonia comentando las últimas emociones de un viaje tan peligroso, donde en esta ciudad de Zafra las siguen cuidando y ayudando nuevos bienhechores compadecidos:


¡Impresionante panorámica  de los montes que forman Sierra Morena!

     “Estos santos casados casi lloraban de vernos tan delicadas y por lluvias y nieves por aquellos extraños caminos, solitas; se admiraban de nuestro valor; y todo era lastimarse y compadecerse de vernos. Fue mucha la gracia que Dios puso en estas santas criaturas, para nosotras. Nos dieron un cuarto para todas; y que no habíamos de salir de su casa en muchos días: que era preciso descansar de tanto camino como ya habíamos andado, para subir a Sierra Morena, que se empieza desde allí, y [es] la más mala tierra como peligroso camino que teníamos que pasar, para llegar a Sevilla. Es cierto que el Señor, con sus misericordias quiso favorecernos, con tanto regalo por medio de estas criaturas para tomar ánimo para pasar un tan desempeñado camino y peligroso, de perder las vidas, en la dicha Sierra Morena, porque tiene, me parece, por aquella parte, siete días de jornada; esto yendo en pies ajenos. Este caballero nos dijo sería imposible pasar esta sierra, solas y a pie; porque, sino era que nos quedásemos las noches entre matas y selvas, que no había dónde nos recoger por las noches. Si había algunas ventas, era peligroso quedarse sin guardas en ellas: porque solían estar las ventas llenas de ladrones disfrazados. Nos puso tantos imposibles para poder caminar solas por aquellas horribles montañas, que nos convenció con sus razones. Yo decía: –Preciso tengo que caminar y pasar ese camino tan peligroso por Dios; pero si su divina Majestad nos da algún remedio para no ponernos en ese peligro solas, le daremos gracias por ello. Esto se quedó así”.

¡Adentrémonos por la Sierra...!
“[…] Lo que encontrábamos muy a menudo y a cada paso, por toda la Sierra Morena, eran muchas cruces: de haber muerto los alevosos y ladrones a muchas personas; y no había cinco días que habían muerto no sé cuántos pobres pasajeros, y pasamos por las mismas cuevas donde estaban enterrados. Es cierto que es menester mucho valor para pasar una sierra que, sólo en verla causa pavor y miedo, y de tantas jornadas […];

"que no se ven en estos montes si no es toros bravos..." 

que está esta montaña muy despoblada de lugares y gentes, que no se ven en estos montes sino es toros bravos, y otros muchos animales monteses por todas partes. Parece llevábamos nuestro corazón en nuestro divino Esposo y pidiéndole socorro para que nos defendiera de todo mal y peligros del camino; pero por esta sierra parece no decíamos palabra unas a otras, sino que, en silencio, íbamos en continua oración pidiendo al Señor nos defendiera de ladrones. Yo llevaba el santo Cristo en la mano y decía a las hermanas, cuando alguna vez mostraban miedo: –No hay qué temer, hermanas mías; que aunque nos salga al encuentro una cuadrilla de ladrones, enseñándoles esta arma y defensa que llevamos en nuestra compañía, no tendrán ánimo de hacernos mal alguno. Con esto nos alentábamos unas a otras; y, puestos nuestros corazones en el original de la imagen que llevábamos del santísimo Cristo pasamos aquel

"Animales monteses" de la Reserva natural
de Sierra Morena...

camino con felicidad, aunque un poco trabajosas de las mismas caballerías que, aunque nos llevaban encima de las cargas, del mal paso que llevaban iban nuestros cuerpos muy molidos y estropeados lo bastante; pero todo lo dábamos por bien empleado a la vista de sacarnos el Señor en paz y sin peligro alguno de todos aquellos caminos y malos pasos.

    ¡Que sea infinitamente alabada su misericordia, de todas sus criaturas! Amén”.


 ¿Cómo no agradecer el don de su vida,

 hasta la configuración total con Cristo, 

en una muerte de Amor?...

El viejo magnolio, en estallido de primavera,
recuerda la fecundidad de M.M. Antonia "en sus hijas venideras"

    Interrumpimos por un instante el seguimiento de nuestras cuatro peregrinas por tierras portuguesas para dedicar un recuerdo al día en que celebramos un nuevo aniversario del paso de nuestra Venerable Madre María Antonia de Jesús al regazo del Padre.

 Este tránsito se verificó el 10 de marzo de 1760, sin haber llegado a cumplir sus 60 años de edad. Según lo declaran las religiosas y los padres carmelitas que estaban presentes durante el acontecimiento y posteriormente a él, se podría decir con toda verdad que su muerte constituyó  un signo de fe para todos, una visible corroboración de lo que ella consideró siempre fundamental: la representatividad de sus superiores como señal visible del mismo Dios. María Antonia pasa de los brazos de su Madre priora a los brazos del que ella representa: “¡Amada en el Amado transformada!” (San Juan de la Cruz).

La ermita de San José, rodeada
de bancos de piedra, que invitan 
al descanso y a la meditación 

Vamos a dedicar este homenaje a la Madre transcribiendo dos comentarios que hacen sobre ella, precisamente dos personas que la han estudiado a fondo, con una valoración y aprecio evidentes, cuya autoridad nos resulta familiar y fiable. Uno pertenece al Padre Carmelita Isidoro de San José, cuya Tesis Doctoral, como se sabe, fue íntegramente dedicada a la figura señera de Madre María Antonia. Dice él, con respecto a la mencionada ejemplaridad de toda su vida, contenida en el capítulo V de la Obra:

 “Pero al margen de los carismas, hay facetas en su vida, las más y las mejores para las almas sencillas, profundamente ejemplares: el proceso de su santificación desde la infancia, sus luchas y sus conquistas, el heroísmo de sus virtudes, un humanismo sorprendente […], una fisonomía típicamente ascética, que se advierte en el fondo de todo ese acaecer místico. Y por último, el profundo sentido de persistencia en lo esencial de toda perfección cristiana, el ejercicio de las virtudes hasta el ápice del heroísmo –como es el perdón de los enemigos- en la propia vocación, en una fidelidad que nunca traiciona su destino”.

Y añade con gran convencimiento:

“Acaso sea un alma llamada a ejercer una grave función de apostolado, de ejemplaridad muy oportuna –hoy como nunca- fuera del recinto de los conventos. Precisamente porque la mitad de su vida la pasó en el mundo, amasada con graves dificultades”.

El gran magnolio, esta vez apunta al cielo,
perdiéndose en la inmensidad...

El segundo comentario pertenece a don Eugenio Romero Pose, uno de los tres Censores de sus Escritos nombrados para el Proceso de Canonización. La lectura de este texto despierta un gran sentimiento de orgullo y de honda satisfacción, ante la talla humana, literaria y espiritual en que él considera la figura de la Madre, integrándola en el contexto histórico más real de su existencia:

“La Madre María Antonia resulta para su tiempo una figura que resalta la primacía de la Gracia sobre la Razón, de Dios sobre el hombre; que lo constatable no se reduce a lo empírico, a lo meramente positivo. El acentuar la dimensión de experiencia, en su momento, quizás fuese la causa de incomprensiones. En la actualidad nos ofrece un mensaje y acentúa unos valores que la misma modernidad pone en duda: la eficacia de la Gracia de Dios en la historia y en la vida de los hombres, la primacía de la Verdad interior sobre la visión ofertadas por las filosofías de la exterioridad, la radicalidad de la Oración que impulsa a una praxis humanizadora dirigida a la divinización, la aportación y servicio a los demás enraizada en la existencia del Espíritu indisociablemente unida a las virtudes teologales. En un momento en que la existencia mística corre el peligro de ser entendida desde ópticas ajenas a lo sobrenatural y a ser erradicada de su centro propio, la Madre María es un ejemplo de continuidad con la Gran Tradición espiritual de la Iglesia”.

“[…] Estamos convencidos que una vez que se estudie su obra se recuperará para la historia de la espiritualidad una de las figuras más señeras de la mística del s. XVIII, hasta el presente desconocida”. (Dr. D. Eugenio Romero Pose, La Luminosidad de la Gracia).

María Antonia se refleja en una naturaleza
preñada de vida y de palpitante frescura. 

*Informamos que todas las ilustraciones de esta entrada han sido tomadas recientemente desde nuestra huerta conventual, tantas veces contemplada por la Madre María Antonia de Jesús.


 "Casiña do meu contento"... (II)

¿Dónde hemos dejado a nuestras cuatro peregrinas?... Según lo ha constatado la misma María Antonia, hace algo más de un mes -el 28 de enero- que las despedíamos viéndolas salir del curruncho de su tierra, Baiona, donde tan felices compartían juntas la vida espiritual y sus deseos de preparación para ser religiosas: “¡casiña do meu contento!”.

Durante este mes de febrero, se han adentrado en tierras portuguesas. ¡Vamos a intentar seguirlas, aunque tengamos que sintetizar muchísimo las largas descripciones y relatos que María Antonia no ha dudado en consignar en su Autobiografía!

Lo primero que trataremos de hacer es trazar la ruta que -partiendo de Galicia- fueron siguiendo, según los recuerdos de la excelente memoria de nuestra protagonista.

Salen de Baiona y entran en Portugal, atravesando de norte a sur el vecino reino. Su trayectoria discurre por La Guardia, Caminha (ciudad a una hora de distancia de Vigo, conocida por ser parte del Camino portugués de la costa hacia Santiago), Viana do Castelo (ciudad acariciada por las aguas del Miño, en la llamada Costa Verde de Portugal; aquí recibe instrucciones sobre la fundación), Porto (donde se siente enormemente conmovida por la amable acogida), Aveiro, Coímbra (en donde los padres carmelitas de tan prestigiosa ciudad aprueban su espíritu por de Dios), Abrantes, y Vila Vizosa, último lugar antes de atravesar de nuevo la frontera con España, en donde entran por Zafra, hasta Sevilla, ciudad donde su marido aguarda a este grupo de jóvenes doncellas. 

Iglesia Matriz Nuestra Señora de la Asunción
(Caminha)

     Lo primero que le interesa a nuestra escritora y cronista es declarar su admiración ante la cortesía y acogida de tan buenas gentes:

Interior de la espléndida Iglesia gótica
(Caminha)

  “Así que nos encontraban en la calle por donde íbamos atravesando el lugar para ir adelante, se llegaban a nosotras a suplicarnos fuésemos a comer a sus casas; y muchas portuguesas andaban en dares y tomares sobre quién nos había de llevar a sus casas. Así que entrábamos en los lugares, sin hablar palabra aquellas buenas gentes, con sólo vernos, les daba Dios tal devoción de hacernos bien, que yo me espantaba de ver tanta caridad como nos mostraban, siendo así que éramos forasteras, nos llevaban a sus casas a comer. Si llegábamos por la noche a cualquiera parte como nos viesen, no se podían contener sin llevarnos a sus casas. Alguna vez sucedió estarnos ya recogidas en casa de alguna buena mujer y llegar con mucha priesa otras vecinas a suplicarnos que, por Dios, fuéramos a sus casas, que tendrían gran consuelo en darnos de comer y todo lo que necesitáramos. Como yo no quería llevar ni tomar nada sino era lo necesario para pasar aquel día y noche, les solía decir a estas devotas criaturas que se  lo agradecía mucho; pero que por aquel día ya teníamos con qué pasar, con la caridad que nos hacía la otra que nos llevó primero a su casa”.

Aveiro, ciudad en la costa oeste de Portugal,
llamada, con toda razón,  "la Venecia portugüesa".

 Resulta sumamente curioso poder conocer cómo se desplazaban de un lugar a otro, conocer con detalle el tiempo climatológico que las acompañaba, y los cansancios, ¡y las heridas!, que se pasan en toda peregrinación:

    “Unas veces, como la devoción era tanta y los caminos por algunas partes estaban trabajosos, por lo mismo que llovía en este tiempo mucho, con el dinero que nos daban tomábamos el alivio de ir algunas leguas, como cosa de una jornada, en borricos. Los más días caminábamos a pie, y bien trabajosos que llevábamos los pies que, como no estaban hechos a andar tanto, se levantaba el pellejo y hacíanse bastantes ampollas. Nos sentábamos a descansar algunos ratos, y después nos solían doler peor los pies: que parecía los poníamos sobre espinas; y todo lo pasábamos con mucha alegría por nuestro divino Esposo: que no he tenido tiempo más alegre que aquel".

Aveiro: estos canales atravesando la zona urbana de la ciudad,
fueron admirados en su subyugante belleza por las cuatro jóvenes peregrinas
.


"Casiña do meu contento"... (I)

La villa de Baiona, donde Mª Antonia ha desarrollado
su adolescencia y juventud, vista en su conjunto desde el mar

Hemos apenas finalizado el primer mes del año, enero, y lo consideramos como un buen momento para recordar -en fechas parecidas-, una de las más espectaculares “aventuras” que Madre María Antonia no dudó en realizar, tras haber escuchado de Dios estas palabras: “Tú serás fundadora de un convento”. Nos referimos a la peregrinación a la que se lanza, junto con tres de sus más cercanas discípulas, para obtener de su marido el Acta o Consenso de Separación matrimonial, para poder entrar en la vida religiosa. Hacemos brevemente nuestra “composición de lugar”:

María Antonia vive en Baiona a solas con sus dos hijos pequeños, pues su marido se ha ido emigrado a Sevilla. Lo primero que necesita para secundar los planes de Dios es verse libre del vínculo matrimonial, de mutuo consentimiento con su marido, para quedar libre y poder abrazar la vida del Carmelo. Hay, por lo tanto, que ir en busca de Juan Antonio, para hablar “presencialmente” de un tema tan delicado e importante. Tras sopesarlo mucho en la oración, toma la resolución de emprender un viaje hasta la ciudad donde él se halla, bien conocedora de que, desde un punto de vista humano, puede sonar a locura. Pero ella es un espíritu muy libre. Y tiene tres jovencillas discípulas que también lo son. Y es justo en este momento, atados ya todos los cabos de su plan, cuando se lanzan las cuatro jóvenes abanderadas como “peregrinas de Dios” por tierras portuguesas…

Castillo-Fortaleza de Monrreal:
Aquí se encontraba la casa del señor Abad,
donde residía Mª Antonia con su familia.

"¡Casiña do meu contento!”… El suspiro dolorido de la genial poetisa gallega, Rosalía de Castro, debió de repetirse en el corazón de María Antonia, puesto que, en su casiña de Baiona, en su ambiente popular y social, se sentía a gusto y muy centrada. Pero ante la inspiración interior “Sal de tu casa”, presentida, al igual que en otro momento la escuchó nuestro padre Abraham, la apremia a desinstalarse de sus seguridades. Y sin embargo, su fuerte arraigo a la terriña meiga, no sufre merma alguna...

Le cedemos a ella la palabra:

“Yo estaba sola en esta ocasión, y las otras [discípulas] aguardándome en casa de sus padres para salir aquella noche, que si no me engaño fue a 28 de enero, año de 1730.

Vuelvo a mi oración, muy afligida de verme con aquella enfermedad tan repentina. Y dije a su divina Majestad:
—“Señor de mi alma, si quieres que salga de este rinconcito en donde me has hecho tantos favores y mercedes de tu mano liberalísima, quítame este dolor que siento, que de buena voluntad me despido de este pobre cuarto y de todo lo demás por tu amor. Señor y Esposo mío, llévame a dónde quisieres, que no quiero más voluntad que la tuya”. Intelectualmente entendí del Señor:

“Sal, hija, que bienaventurada serás. En tu compañía voy, no temas”.

Con estas palabras de mi divino Esposo, se halló tan confortada mi alma, que no sabía qué hacerme con el gozo tan grande que sentí interiormente. Tomé un crucifijo chico que tenía de metal en las manos, salí con esta divina arma en ellas, y el dolor se me quitó de repente y todo mi cuerpo se hallaba más sano que nunca de sus achaques habituales que siempre padecía. Me despedí de mi madre, que el abad no tuvo corazón para verme salir, que como estaba su casa muy cerca de la mía, pasé por allí para decir a mi madre se quedara con Dios.

Casco histórico de la villa: 
¡Mª Antonia conoce bien estas calles!
Como estábamos dentro del castillo, antes de cerrar las puertas era preciso que yo saliese de día para irme a casa de las compañeras que tenían su casa fuera del dicho castillo, las que estaban todas tres esperándome. Llegué y, como habíamos de salir de noche por causa de la gente, luego que anocheció nos pusimos a hacer colación, que era sábado, y ayunábamos a nuestra Señora.
El padre de las dos hermanas, vino, y me hizo un papel de cómo me entregaba sus hijas con su plena voluntad y consentimiento de su madre, que adónde quiera que yo fuera les daba licencia para que me acompañasen. Esto lo hicieron los padres de las dos hermanas, y los de la otra [hermana], la misma licencia le dieron. Con esto que vimos por la noche, nos dábamos más priesa a salir de casa.
          No sé si serían cosa de las nueve de la noche cuando salimos las cuatro”.